Hoy se cumple una semana desde que llegue a Hong Kong y si no fuera por el calendario diría que han pasado ya varios meses. Aquí, las agujas de los relojes parece van mas deprisa de lo normal. No les venía mal un pedacito de tranquilidad mediterranea, con una cañita y unas tapas. Es bastante curioso ver cómo comen los chinos en los restaurantes. La comida te la sirven
1 minuto despues de ser ordenada, da igual si pides arroz blanco hervido que sopa de verduras con noodles y bolitas fritas de marisco. Una vez servida, se la deslizan por la garganta sin pasar por las papilas gustativas y según acaban, la cuenta ya esta encima de la mesa. Pagan y se van, nada de sobremesa ni chorradas, que en cuanto se levantan ya viene otro a sentarse.
Hoy me he mudado a mi residencia permanente, de la que hablaré otro día porque hay mucho que contar. O mas bien poco porque esta todo en obras, hay mas obreros que estudiantes viviendo (en serio). Aparte de pequeños detalles como espejos, cocina o suelo en la zona común, no falta de nada. Mi habitación y mi compañero chino...
(La ropa se esta terminando de secar, no soy tan desordenado)
La piscina del campus:
Y un estanque bien precioso, también en el campus:
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